| SAN FITUR 2005. |
Llegados los últimos días del mes de enero, como cada año
viene siendo tradicional, todos lo devotos del “salir de pingoneo” se congregan
en torno a santo patrón del turismo.
Nuevamente los actos se celebrarán en las instalaciones de lo que se han dado en
llamar IFEMA, junto a la ermita donde se venera al “santo”, a las afueras de
Madrid. Esas instalaciones fueron una buena idea porque, paradojas de la vida,
en esas gélidas fechas se ofrece un binomio indivisible en nuestra geografía:
“sol y nieve”.
Todos acuden en romería, desde el pasado miércoles, 26 de enero. Procedentes de
todos lo puntos de esta vasta piel de toro que es nuestro país, y también cuenta
con la presencia de otros 170 países, que curiosidades de la vida, ni siquiera
comparten la misma religión, pero lo que sí comparten es la misma fe, es decir
que todos somos, reconozcámoslo, devotos del san dinero que genera el turismo.
Los carteles, llamativos, cuelgan como exvotos por doquier, como ofrenda para
conseguir la gracia del “santo” del turismo. El escaparate es inmejorable. Las
réplicas de rincones encantadores se reproducen como los hongos. Todo esfuerzo o
sacrificio vale para estimular a este potente motor de nuestra economía. También
los medios de comunicación y el resto de técnicas aprendidas de una experiencia
son utilizadas con intensidad en estos días de la romería de Fitur, en el caso
de Guadalajara también de redoblan los esfuerzos en este sentido para ofrecer
nuestras grandezas y excelencias.
El año pasado visitaron nuestro país según los informes de los responsables de
este sector unos 57 millones de personas. No quiero entrar en aturrullar a
nuestro lector con las cifras que nos equivocan a todos, porque además, todos
somos potenciales consumidores, y que en muchas ocasiones, sirven para entrar
comparaciones, que ya se sabe, son odiosas. No es este el objetivo.
A nadie se le escapa que desde hace varios años en Guadalajara y su provincia se
producido un incremento en este sector con la consecuencia que esto supone.
Nuestros representantes se han dado cuenta de que este tren es bueno y hay que
aprovecharlo, es importante para nuestra sociedad y en este sentido no se han
escatimado esfuerzos. Para nuestros pueblos, en muchos casos se está
revitalizando una sector hasta ahora inédito, que está sirviendo para mantener
una población que de otra manera estaría abocada a la emigración a las grandes
ciudades.
Nuestro mayor encanto es la naturaleza, sin lugar a dudas. Después está nuestra
historia y nuestro patrimonio, tanto artístico como cultural. Quiero referirme,
aunque sea de pasada al agua, que es nuestra mayor riqueza natural para la vida
del hombre y del entorno, es el máximo exponente de nuestra bella geografía. Por
cierto que en esta edición no andamos sobrados, ya se sabe, Madrid por un lado,
el Corredor del Henares, y la zona de Levante, amén de la “pertinaz sequía” nos
están secando nuestra arteria de la vida y parte de nuestro principal reclamo
turístico.
En esta ocasión es Don Quijote protagonista indiscutible, hemos tenido que
esperar a la celebración de 400 aniversario para el turismo. Al Ingenioso
Hidalgo todos se lo apropian: Alcalá de Henares, Argamasilla, Villanueva de los
Infantes... Esto es muy positivo, pero es mejor leer la obra de Cervantes, es
una viaje maravilloso a través de las páginas y de andanzas, que servirá como
acicate al sector turístico, una oportunidad que desde hace años se debería
haber potenciado aún más. Si esto cae en manos de franceses, japoneses o
estadounidenses, el fenómeno del Quijote sería de un calado turístico
extraordinario. ¡Si Cervantes levantase la cabeza... con lo que él viajó y
conoció...! Nunca viene mal una frase de “El Quijote” que viene al pelo: “...
Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote- que el que lee mucho y anda mucho, ve
mucho y sabe mucho...”. Viajar es muy saludable, todo son ventajas, bueno casi
todo...porque hay veces que no todo sale según lo planeado.
© Avelino González Vega.