San Antón

 

 

“LOS ANIMALES POR SAN ANTÓN, RECIBEN SU BENDICIÓN”.

La Iglesia Católica celebra el 17 de enero la festividad de San Antonio Abad y en Brihuega, como en el conjunto de nuestra vasta geografía a este santo se le conoce popular y tradicionalmente con el sobrenombre de San Antón, protector de los animales.
Su hagiografía, debido a su longevidad, discurre a camino entre los siglos III y IV, se dice que es intercesor entre los hombres y Dios, y patrón de los animales. De hecho la costumbre de representar su imagen cerca de un perro, un cerdo o un gallo es algo tan familiar para nuestras gentes que hasta no hace muchos años y dada la importancia de los animales en nuestra vida y en la sociedad era uno de los santos predilectos.
En Brihuega San Antón goza desde antaño de una Cofradía que generación tras generación ha sabido transmitir la fe y el fervor, la rogativa y la gratitud por los favores y protección concedidos a lo largo de cada año. Otrora, dicen los mayores briocenses, era casi tanta fiesta como la Virgen de la Peña; posteriormente con la mecanización del campo y el azote de la emigración de la sociedad rural a las grandes urbes, la cabaña pecuaria se redujo notablemente de forma proporcional a los animales. Y como las ciudades tampoco eran el mejor sitio para los animales en la década de los 60, la fe y devoción por este santo pasó por momentos relativamente aciagos.


Hogaño en Brihuega goza de buena salud, incluso uno de los Hermanos Mayores de esta Cofradía de San Antón, Paco Rivas se manifestaba con optimismo: “se está recuperando una tradición que pasó por malos momentos y que casi estuvo a punto de desaparecer, actualmente la proliferación de animales de compañía, las mascotas y una mejor educación y sensibilización de nuestra sociedad con el mundo animal han hecho posible la dignidad y la calidad en la vida de los éstos”.
José Rivas es uno de los hermanos de esta cofradía con mayor antigüedad y recuerda con nostalgia: “... cuando se faenaba en el campo con los animales de labor; los perros, que más que compañía atendían los rebaños, y los gatos se las ingeniaban para que en las casa los roedores no hicieran de las suyas con el grano, entonces los animales eran de la familia, sin ellos el campo no se podía atender y los animales formaban parte de la familia. Luego, la devoción y la fe suplicando la protección de los animales era parte de nuestra vida”.
La tradición en Brihuega es medianera entre lo religioso y lo pagano. A la función religiosa, solemne y circunspecta, austera, cargada de matices culturales concitó a numeroso público en Santa María, al trasladar al domingo, 16 de enero y de forma extraordinaria el grueso de la celebración aprovechando la bonanza climatológica. Se repartieron bollos y vino a discreción en prado de Santa María.
En la Procesión por el dédalo de calles de Brihuega una multitud de jacas y corceles, jinetes y amazonas, enjaezados y engalanados para la ocasión, hámster, conejos, peces, perros, gatos, pájaros… y hasta una iguana, recibieron la bendición con el hisopo del agua bendita impartida por el oficiante, el reverendo Mauricio Muela. El desfile procesional estuvo amenizado por la Banda Municipal dirigida por José Luis Conde.
Más tarde la cofradía de San Antón degustó una merienda de hermandad a base de gachas tradicionales y vino. A al jornada siguiente se celebró la misa por los hermanos difuntos, el reparto de las roscas y la rifa de un cerdo. Las roscas de San Antón son un delicioso y dulce manjar que dice la sapiencia popular tiene cualidades indulgentes.

© Avelino González Vega.