QUIJOTE 1605-2005

 

 

400 AÑOS DE AVENTURAS Y HAZAÑAS DEL INGENIOSO HIDALGO DE LA MANCHA.
 


“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda…”
La obra más grande de Miguel de Cervantes y de la literatura hispánica de todos los tiempos. Esta frase es posiblemente la más pronunciada por el mundo latino y que identifica y señala por sí misma la encarnación de la cultura en una país. Su autor ni siquiera podía imaginar la transcendencia de su obra.

AUTORRETRATO.
Miguel de Cervantes es un escritor prolífico, que se adentra en todos los géneros literarios. El mismo se describe en su propio retrato, el más fidedigno que se conoce de Miguel de Cervantes y que se debe a su propia pluma, con la que trazó su "rostro y talle" en el prólogo a las Novelas ejemplares:
"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria".

EN RESUMEN.
Sintetizando mucho, El Quijote nos ofrece la vida de una hidalgo manchego, enloquecido por las lecturas caballerescas, da en creerse caballero andante y sale tres veces de su aldea en búsqueda de aventuras, siempre auténticos disparates, hasta que regresa a su casa, enferma y recobra el juicio. Sin embargo, el conjunto de la trama no está diseñado de un tirón, sino que responde a un largo proceso creativo, de unos veinte años, un tanto sinuoso y accidentado: cabe la posibilidad de que Cervantes ni siquiera imaginara en los inicios cuál sería el resultado final; incluso, bien pudiera ser que pensase primero en escribir una "novela corta", al modo de las Ejemplares, la cual iría creciendo al compás de su elaboración literaria.
“El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. Tras ese arranque, la incorporación de Sancho, el manuscrito árabe y la invención de Cide Hamete se aprovechan para ampliar las locuras quijotescas hasta llenar los cincuenta y dos capítulos, repartidos en dos salidas y en cuatro partes. La ampliación responde a dos directrices básicas: la una, nuevas aventuras organizadas en sarta: molinos de viento, vizcaíno, rebaños, batanes, yelmo de Mambrino, galeotes… Y la otra, ampliación concéntrica en torno a la venta, Cardenio y Luscinda, don Fernando y Dorotea, El curioso impertinente, El cautivo... están perfectamente engarzadas por la estancia en Sierra Morena.
La Segunda parte de “El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha”. Aunque el Quijote no estaba concebido como primera parte, su éxito explica esta continuación, más perfecta y estilísticamente, mejor diseñada como tercera salida, sin perder nunca de vista el trazado del primer tomo según afirman los cervantistas más insignes. Por tanto nos encontramos con nuevas aventuras en sarta: el encantamiento de Dulcinea, Cortes de la Muerte, caballero del Bosque, caballero del Verde Gabán, bodas de Camacho, Cueva de Montesinos, Maese Pedro, etc.; y otras como: la estancia con los duques, dueña Dolorida, Altisidora, doña Rodríguez, etc..
En este caso el desarrollo es más continuo, pero la aparición del Quijote apócrifo (1614) de Avellaneda determina un cambio de rumbo, hacia Barcelona, con el que se cierra la novela en que las aventuras de Roque Guinart, caballero de la Blanca Luna, con los duques, don Álvaro Tarfe... Todos los ingredientes, no hacen sino, potenciar la grandeza de la obra cumbre de la literatura española.
A duras penas, en consecuencia, no sin descuidos y deslices, Cervantes va ampliando la idea primitiva para rematar con éxito su gran empresa novelesca, comentan los críticos de la obra. Traza un plan previo, que contiene ya en suma todo el universo quijotesco (Sancho, Dulcinea, Cura, Barbero, Rocinante, rucio, locura, entorno caballeresco, encantadores, romances, aldea en la Mancha, etc.), lo cual le permite convertirlo en novela larga con bastante propiedad y, diez años después, añadirle una segunda parte en cabal consonancia con el libro de 1605. Tan sólo las circunstancias creativas de su autor y las reacciones provocadas en aquellos tiempos por la publicación del primer tomo, diferencian a ambos Quijotes.
Cervantes utilizando un lenguaje sencillo se alinea con los humanistas y transmite un ideal de libertad influenciado por su sufrimiento en el injusto cautiverio de Argel y los plasma directamente en las palabras idealistas que don Quijote dirige a Sancho: “…la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres…”
En esta obra literaria, los recursos utilizados magistralmente por su autor, ensartan liberalidades en las que podemos observar como los personajes de “El Quijote” conviven con seres reales, hasta el punto de que han leído la novela de sus propias aventuras.
El propio lector es manipulado por el autor de la obra e incluso se ve involucrado en varios episodios de la misma: “…Tú, lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere…”

EL QUIJOTE LEVANTA PASIONES SIEMPRE.
Antes, en aquellos tiempos también. De hecho se puede afirmar que fue un éxito editorial. Cuando hace ahora cuatro centurias que se publicó ya la crítica se hico eco de lo que ahora denominaríamos un “best seller”. Aunque fue un siglo después cuando verdaderamente se reconoció el alcance de la obra cumbre de Cervantes y de la literatura hispana.
Hasta ahora han corrido ríos de tinta sobre el “Quijote”, y desde estas humildes líneas muy posiblemente aportemos nada nuevo a todo lo que va a suponer esta efeméride. Pero si podemos afirmar que con esta obra hay un antes y un después. Leerla, y releerla en nuestros días supone, más que un reto, una búsqueda de datos, de ansiedad por conocer más al personaje, al escenario, lo que intenta describir y transmitir Cervantes, de aquella sociedad de la España en el crepúsculo de su época más dorada para nuestro reino, a caballo entre los reinados de Felipe II y Felipe III, entre los siglos XVI y XVII. Casi en plena decadencia se abre el mundo de la cultura con la llave de Cervantes que va a provocar el inicio de una explosión lenta, pero evolutiva de la cultura en nuestro país: el Siglo de Oro de las letras hispanas.
Muchos son los autores, críticos y especialistas en temas cervantinos que se han aventurado a interpretar el Quijote, lo que Cervantes hizo e intentó hacer, e incluso hay interpretaciones de que Cervantes era un escritor mediocre. Para nosotros es alguien muy grande, y no nos sentimos capacitados para emularlo, ni siquiera para calificarlo. Nos limitamos a admirar su obra, y ésta es colosal, en todos los aspectos. Ya no sólo el Quijote, que le encumbró, sino el resto de su prolífica obra, con las “Novelas Ejemplares”: “El Persiles”, “La ilustre fregona”, “La Galatea”…
Cervantes y su Caballero de la Triste Figura son un pozo de sabiduría, una de las más admirables expresiones del espíritu humano. Todos los críticos coinciden en resaltar la valía y el reconocimiento de Cervantes en esta obra. Posiblemente él mismo no fuera consciente del hito que estaba consiguiendo y que con esta obra sería llamado a ocupar una lugar destacado en el “Olimpo de las letras”.

ENTRE LA RAZÓN Y LA LOCURA.
Puede que la intuición forme parte del sentido común. Pero en este mundo quijotesco de contrastes, contradicciones y desarreglos todo se confunde en razonable armonía. Cervantes, es magistral, y se afirma en tiempo presente, por que su obra le sobrevive y está ahora más actual que nunca. El Quijote está considerado como la primera novela moderna de la literatura universal, es decir, por la literatura no pasan los años, sino por los escritores y los lectores, no nos engañemos.
En el momento en que Alonso Quijano deja de ser Alonso Quijano y se aventura con su escudero por las planicies de La Mancha, la realidad comienza a ser escrutada desde dos miradas: la del Ingenioso Hidalgo que sólo encuentra a su paso la comprobación de sus quimeras, y la de Sancho que viendo lo que ve es recriminado por su caballero. A partir de esos momentos, los lectores asistimos a una de las historias más hilarantes que se haya escrito jamás: el choque entre la realidad de las cosas y el ojo de quien las quiere distintas. La incertidumbre, el humor, la ironía construyen la parodia. Si Sancho ve molinos, Don Quijote ve dragones. Si Sancho ve una mujer al borde de la pobreza, Don Quijote ve a una princesa. La realidad deja de ser una sola: la fuerza de la incertidumbre se abre camino, a su lado va la razón crítica sembrando el mundo dudando, refunfuñando y, casi siempre, desconfiando.
En el Quijote el desorden es maravilloso, sólo es posible por obra de la locura. Curiosamente, Quijano ha perdido el juicio de tanto leer novelas de caballería, pero el simple y leal de Sancho, sin haber perdido el juicio (a lo mejor por no haber leído nunca), se deja llevar por la certeza absurda de las faenas de Don Quijote. Se dan la mano la crasa ignorancia y la imaginación. Así es como echa a andar el dueto más divertido y profundo que se conozca. A medida que cabalgan el mito que van dejando sus huellas en la mente del lector. En el ambiente de la obra se observan las dos caras de una misma moneda: el hombre llano que dice lo que ve, el hombre tocado por la imaginación que dice ver lo que no existe. Allí vamos todos, detrás de la pareja que encarna un símbolo. De la reunión de caracteres tan dispares surge una suma indeleble: el género humano, siempre entre las aguas de la razón y las de la intuición. Pero cuidado, tampoco Sancho encarna la razón, sin más, y Don Quijote la locura, simplemente. A ratos Sancho es quijotesco, y Don Quijote sanchesco, porque ya sabemos que en nosotros convive una multitud secreta.

LOS ESCENARIOS DE LA OBRA.
Tres salidas en dos partes claramente diferenciadas, que se llevan una década, con el agravante de la aparición en 1614 de una versión apócrifa atribuida a una tal Alonso Fernández de Avellaneda. Curioso es resaltar, en este momento, la cercanía entre estas localidades Avellaneda en La Rioja y Yanguas en Soria, de donde procedían los yangüeses que apalearon a don Quijote.
Por la región de la Mancha se transfigura la realidad, aquí la magia y la ilusión de la novela de Cervantes forma parte de la Historia de sus pueblos y de sus gentes. Don Quijote de la Mancha es una personaje real a todas luces, y sus aventuras y hechos narrados en la novela son ciertos. De esta manera se puede decir que La Mancha es la patria de su leyenda; Argamasilla de Alba, el origen y la cuna; Puerto Lápice, el bautizo del caballero; Campo de Criptana, el paso a la madurez con su más popular aventura; el Toboso, donde vivía la dueña de sus pensamientos y Barcelona, que es la derrota del caballero, la deshonra y el regreso a la cordura.
Por los caminos de aquella España y en compañía de Sancho, al que también deberíamos de añadir su gobierno de la ínsula Barataria localizada en las inmediaciones de Alcalá de Ebro. No hay población que reniegue de su aportación al Quijote, es más todas se quieren apropiar del misterio, perfectamente tramado por su autor de ese “lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...” Los expertos cervantistas actuales radican una buena porción de esta cuna en Villanueva de los Infantes, pero no seremos nosotros quienes aportemos luz, donde el propio autor nos impidió el acceso a cambio de concedernos el privilegio de su lectura, de compartir con nosotros sus desvelos y escrituras.
Mucho se ha escrito y leído del Quijote, y otros tantos lo han interpretado, para cada lector le transmite una perspectiva. El Quijote y sus andanzas han sido musa de inspiración de todo tipo de artes, ciencias y letras, la música y la pintura: cuna de cultura. No en vano hay ilustraciones de Dalí, de Doré; de ingleses como Hogart o Hayman; de franceses, amén del mencionado Doré, Nanteuil o Boulanger; y por supuesto españoles, Zuloaga, Gisbert, Gonzalo Bilbao... y más actuales como Barceló o Saura, con versiones más sorprendentes, originales y personalizadas.

EL FOMENTO DE LA LECTURA... Y DE LA ESCRITURA.
Con el nuevo año arranca una larga serie de actos, congresos, exposiciones, conciertos, representaciones y ediciones en todos los formatos y soportes que tienen al caballero Don Quijote como dueño y señor de las conmemoraciones del IV centenario de su primera aparición pública. La multitud de celebraciones servirá para la difusión de una obra ejemplar que ha superado sus 400 primeros años de vida cosechando éxitos y reconocimientos.
Señala Lázaro Carreter "Acuñados como cara y cruz de una medalla de oro, Don Quijote y Sancho siguen haciendo este milagro secular de reunirnos a mujeres y a hombres a escuchar o a leer o a interpretar su propia y libre palabra nuestra".
Y si la fidelidad de Sancho está más que demostrada, también lo están los valores del caballero, entre los que destaca su amor por la libertad. Cervantes escribe su novela tras cinco años de presidio en Argel y en ella hace decir a Don Quijote que "la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres".
Hay que añadir valores humanos como: el amor, la justicia, la integridad o la generosidad, cualidades que encierran el código de comportamiento de la caballería, ese ya anacrónico modo de entender el mundo y la vida con el que enloqueció nuestro hidalgo.
Naturalmente el relato de las venturas y desventuras de una pareja tan complementaria no sería suficiente para explicar la larga permanencia en los hábitos de lectura de tantas generaciones. El Quijote, como se ha dicho hasta la saciedad, es la primera gran novela, la obra cumbre de la prosa española.
El sentimiento auténtico de cordura se refleja al finalizar la obra y la vida del Ingenioso Hidalgo: “…Después de haber abominado de los libros de caballerías, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaban, dio su espíritu, quiero decir: murió sosegada y cristianamente”
Para concluir, resaltar una frase para fomentar en algo el hábito de la lectura, cuna de la cultura: “...-Ahora digo -dijo a esta sazón don Quijote- que el que lee mucho y anda mucho, vee mucho y sabe mucho...”

© Avelino González Vega.