| Encierro |
Unas 15.000 personas
disfrutan en Brihuega de un encierro memorable
Guadalajara 2000.- Avelino González Vega
Las carreras por el recorrido urbano fueron rápidas y limpias
Los cuatro toros –tres de capa negra y uno colorada– que el martes salieron al
campo en Brihuega protagonizaron el espectáculo más anhelado por los briocenses
durante el año. Este encierro es una tradición atávica, que se celebra desde el
Siglo XVI, según las crónicas, y siempre al día siguiente de la Virgen de la
Peña. El 16 de agosto hay en Brihuega un ambiente especial. Nada en nuestra
provincia concita mayor expectación y es mayor motivo de orgullo para los
brihuegos. Además, es el encierro más multitudinario de Guadalajara –se calcula
la asistencia de más de 15.000 personas–.
Antes de la suelta de los morlacos, los briocenses se concentran con la banda de
música en el Prado de las Eras para bailar a los sones del “Parapachumba” –el
himno del encierro– y que en realidad es una interpretación del Pasodoble
“Sangre Torera”. Comienza el “Despeje”. Una marea de brihuegos levanta los
brazos cantado a voz en grito el “Parapachumba” hasta la plaza del Coso donde
finaliza. Suena el primero de los petardazos. Las carreras de los mozos
nerviosos se suceden y cuando el tercero estalla, la manada de toros y mansos ya
están en la calle, el Encierro ha comenzado.
Desde el principio los bravos iban delante. A la salida del pueblo un grupo de
jacas y caballos que esperan a los astados. Entonces, los toros que subieron al
alto sirvieron de entretenimiento a las miles de personas que esperaban en los
alcores que rodean el pueblo. Mientras tanto, los otros dos astados se quedaban
en el barranco de Valdeatienza.
Mucha asistencia
Había mucha gente en los cerros que delimitan el Barranco de Valdeatienza, el de
la Orca y el de S. José. Ahora la marcha de los animales es más lenta, cuando
comienza a ascender hacia la Alcarria. Por las rastrojeras de la Alcarria y por
los diferentes pagos se desplaza toda la gente al ritmo que los toros marcan.
Hasta llegar a la Boquilla, donde al fresco y la sombra de este manantial sirven
de descanso, hasta por la noche que se realiza la “Subida”. Lo único que desluce
es la presencia de tanto automóvil de excursión.
La tradicional “Subida” se llevó a cabo pasadas las dos de la madrugada con tres
astados, –el colorado se quedó, al principio, fuera de la valla–. Los cuatro
toros descansaron en el paraje de “La Boquilla”.
Todos los heridos fueron atendidos en Brihuega excepto los dos más graves, que
fueron trasladados al Hospital Universitario uno con cornada en el muslo
recibida en las inmediaciones del “Vertedero” y otro con un infarto, que fue
trasladado en helicóptero. El año pasado resultaron heridas de diversa
consideración un total de 17 personas y en 2003, 26.