Reportaja

 

 

Los Hare Krishna se urbanizan

Guadalajara 2000.-
 

Veintiséis años han pasado desde que los Hare Krishna decidieron instalarse en la provincia. Brihuega fue el lugar elegido. Una finca que estaba en abandono y a la que devolvieron la luz y el agua caliente, se convirtió en un centro espiritual de referencia para los devotos de la religión hindú, y en concreto, de Krishna. El esplendor que vivieron en los años 80 se fue moderando, hasta que en 2001, estuvieron a punto de vender la finca. Ahora, son varias familias y monjes los que viven en este centro bajo un nuevo enfoque, el de darle continuidad como una comunidad de familias más que como un monasterio.

LUIS MEDEL

Más de un cuarto de siglo ha transcurrido desde que la comunidad Hare Krishna se instaló en Brihuega. Desde entonces, algunas cosas han cambiado en la vida de este grupo religioso cuya presencia por las calles de Guadalajara ya no es tan frecuente. Algunos se preguntarán qué ha sido de ellos y si siguen viviendo por aquí.Rafael Varea es originario de Málaga y fue uno de los primeros en llegar a Brihuega. En realidad, él vino a una fiesta invitado por su hermano, quien a finales de los años 70 ya estaba interesado en temas como el yoga y le solía prestar a Rafael libros y música india. “Yo pensé que era una fiesta normal y corriente, y cuando vine aquí me sorprendí de que no era una fiesta como las que yo conocía, no se bebía, no se fumaba, no había drogas”. Eso es lo que más le sorprendió a un Rafael que todavía era adolescente y que a sus 18 años estaba más influido por el movimiento hippie. En esta comunidad, centrada en la vida espiritual y en la adoración de Dios –Krishna, como ellos lo conocen- “los intereses materiales estaban bastante de lado y eso me llamaba la atención porque buscaba otro tipo de relaciones más desinteresadas”, cuenta.  

Desde entonces han pasado 22 años y ahora Rafael lo recuerda como una época muy feliz en su vida. A mediados de los años 80 en la finca Nueva Vrayamándala, como se lee en el cartel de entrada, vivían más de 100 monjes célibes, tal y como lo recomienda su religión y que en la tradición hindú se corresponde con la infancia y adolescencia de las personas. Al final de este periodo, el joven es el que decide si quiere seguir siendo célibe o si se casa, y al igual que ocurre en la India, “en nuestra comunidad nos fuimos casando casi todos”, explica Rafael, que es miembro del comité ejecutivo de esta comunidad religiosa.  

Tras un periodo de declive a finales de los 90, la finca retomó el vuelo en el año 2001, cuando los fieles que quedaban decidieron no venderla, sino tratar de sacarla adelante pero desde otra perspectiva. ¿Qué es lo que había pasado en el transcurso de los años para que la presencia de los Hare Krishna en la provincia tuviera los días contados? La respuesta está en el matrimonio y los compromisos familiares que cada uno fue adquiriendo. “Una vez que te casas necesitas mantener a tu familia, desarrollar una economía, y ya no estás plenamente dedicado a la comunidad”, cuenta Rafael mientras explica que “había una dicotomía porque era un monasterio para monjes pero ya no los había, eran muy poquitos”.  

Comunidad de familias  

Ésa es la razón que explica el cambio que se produjo a finales de los 90 y que se materializó a partir del año 2001, cuando decidieron enfocarlo como una comunidad de familias más que como un monasterio. Tal y como explica Rafa, ahora en marzo han pedido una recalificación de su finca de 300 hectáreas gracias al Plan Parcial del ayuntamiento de Brihuega, “para hacer una pequeña urbanización dentro de nuestra propiedad, y de ese modo crear infraestructura para que las familias se establezcan”. Entre todos, son algo más de 40 personas las que están viviendo en la finca Santa Clara, y juntas han decidido llevar adelante proyectos que, en principio, están alejados de lo religioso.  

“Son actividades empresariales que ideológicamente están de acuerdo con nuestros principios”, comenta Rafa. En la actualidad, el proceso se encuentra en la fase de creación de una fundación con la que gestionar las empresas y el funcionamiento de la finca. Ésa es la razón por la que ahora no se les ve tanto por las calles de Guadalajara y otras localidades de la provincia, aunque sí que hay un grupo de monjes que suelen desplazarse a los pueblos –e incluso a Madrid- para dar a conocer sus creencias. Entre los proyectos económicos, destaca la creación de una clínica ayurvédica -basada en la medicina tradicional india- para la que ya han contactado con varios especialistas, o la creación de un centro para retiros.  

Al margen de la vida religiosa, la mayoría de los casados tienen su profesión. Algunos son profesores en institutos de Alcalá, otro de los compañeros trabaja en The greener grass, dedicada a realizar programas para dejar de fumar en grandes empresas, o Rafael, que tiene con un compañero una empresa de artes gráficas. Después de su jornada laboral, todos tratan de realizar alguna de las actividades comunitarias o participar en la administración del centro, para el que hacen colaboraciones económicas mensuales por estar allí viviendo.  

Durante este tiempo, su relación con los grupos hindúes asentados en nuestro país se ha ido fortaleciendo y “ellos también contribuyen económicamente a mantener el templo”, explica Rafa. “Aquí en España gozamos de muy buena relación con la embajada, el cuerpo diplomático y el resto de la comunidad hindú”, y juntos han colaborado en la realización de diversas publicaciones, como por ejemplo la que hacen con motivo del cumpleaños de Krishna.  

Imagen exterior  

A lo largo de estos años, los Hare Krishna, como son popularmente conocidos, han tenido que cargar con multitud de prejuicios acerca de su comunidad. Rafa tiene claro que “en aquellos primeros años, la mayoría éramos solteros, jóvenes, célibes y un poco fanáticos, lo normal cuando eres joven”, y reconoce que eso no favorecía las relaciones. Aunque también es cierto que la culpa no era sólo de ellos, y asegura que “la imagen que hay desde fuera también es fruto de la ignorancia” y del miedo, quizá, ante una tradición extranjera en la que los monjes se mostraban públicamente con la cabeza afeitada y con sus hábitos naranjas. “Tienen que ir drogados”, recuerda ahora Rafa que la gente hacía este tipo de comentarios, porque si no, no se podían explicar que fueran felices por las calles tocando música, tratando de darse a conocer y de recaudar donativos.  

Afortunadamente, los tiempos han ido cambiando y “ahora que muchos estamos casados las relaciones son muy diferentes”, puntualiza Rafael, al tiempo que señala que “en el pueblo tengo un montón de amigos, y a veces cuando hay pleno en el ayuntamiento ahí estoy yo también”. Es más, su labor profesional le ha llevado a realizar diferentes encargos para gente del pueblo, como es la maquetación de la revista Gentes de Brihuega, además de otros folletos publicitarios. Ésta es, sin duda, una manera de integrarse en la sociedad, de la que Rafa comenta que “es la fase en la que estamos ahora, que la gente nos conozca pero como integrados en la sociedad”.  

Algo que demuestra el nivel de integración que han alcanzado, se ve a través de los hijos de los miembros de esta comunidad, que cada día van a la escuela de Brihuega junto a los jóvenes de los otros pueblos. “El autobús viene a por ellos, pero al mediodía comen aquí porque las dietas vegetarianas no son muy adecuadas”, explica Rafa, quien se siente contento porque, por lo general, la relación entre los pequeños es buena.  

Eso mismo ha ocurrido en su vínculo con la iglesia católica, con quienes “nos llevamos muy bien, tanto a nivel personal como a nivel institucional”, comenta Rafa de forma calmada, asegurando que “la religión es la misma, adorar a Dios, y no podemos permitir que la religión nos separe”. Sobre este tema, añade que “vemos que hay siempre religiosos o espiritualistas sinceros; en cambio, hay personas que no viven la religión de una forma tan profunda y están más en un nivel externo o de fanatismo, y ahí se crean los problemas”. Eso es algo que desde su comunidad tratan de evitar mediante el fomento del diálogo.  

En ese sentido, “Brihuega es un poquito especial porque está este templo hindú, además hay un centro zen y están los monasterios de las monjas clarisas; y además está la población musulmana en aumento, que seguro que abren una mezquita”, comenta Rafa satisfecho de vivir en esta localidad símbolo de integración de culturas y creencias.  

Sacrificio religioso  

Si hay una característica que defina la vida religiosa es el sacrificio que supone para sus fieles, sobre todo los más devotos, si bien es cierto que desde dentro las cosas no se ven así, sino como símbolo de entrega a Dios.  

En el caso de esta comunidad de Brihuega, su actividad comienza a las cuatro de la mañana, y media hora más tarde tienen que estar en el templo para adorar a Krishna y Radha. Esta última se representa en forma de mujer y se corresponde con la energía espiritual del Dios, pues en la India todas las divinidades tienen su consorte. La adoración matinal también se la dedican a Prabhupada, el fundador de esta rama del hinduismo en occidente y que aquí conocemos como Hare Krishna, que sería la Asociación para la conciencia de Krishna y que fue creada en 1966.  

La oración prosigue hasta las siete de la mañana, y en ese tiempo los fieles cantan el rosario, para después continuar leyendo pasajes de las escrituras sobre los que charlan hasta que llega la hora del desayuno, a las nueve de la mañana.  

Quienes están obligados a asistir a estas prácticas espirituales son los monjes, aunque los casados también puede participar, al igual que sus hijos, que sólo acuden a la lectura final antes de irse a la escuela. “Para nosotros el bienestar espiritual es algo bastante importante, porque si espiritualmente hablando no estás bien, no vas a poder disfrutar con plenitud ni estar feliz, e intentamos equilibrar lo material con lo espiritual”, explica Rafa.  

Además, como cualquier otra religión, en esta comunidad también siguen unos principios regulativos básicos, que son:  

1) No comer carne, pescado ni huevos.  

2) No tomar intoxicantes de ningún tipo, ni café, ni te, ni tabaco ni alcohol…  

3) No participar en juegos de azar, ni siquiera en la especulación bursátil.  

4) Practicar sexo solamente dentro del matrimonio para concebir hijos, y en caso contrario, deben guardar celibato.  

Una vaquería con olor a incienso  

Cintas de colores, un pequeño altar y decoración religiosa, dan un toque peculiar a esta vaquería que la comunidad Hare Krishna tiene en su finca de Brihuega. El olor a incienso se entremezcla con el del campo, por donde pacen tranquilamente las vacas, que no son muchas. Alberto es el encargado de cuidar a estos animales desde hace siete años. A él le gusta hablar con las vacas, aunque aquí fue la primera vez que trabajó con ellas. Antes, él realizaba labores de administrativo en el ayuntamieto de Génova, en Italia –de donde procede– y en el año 1984 comenzaron sus viajes a España, donde viven sus hijas. “Ha sido aprender y esto me gustó, le hablaba a las vacas y me hacian caso”, explica. Todas las mañanas, cuando las va a ordeñar, él les pone música hindú donde los mantras se alternan con sonidos étnicos. En total, en la finca hay cuatro vacas lecheras, un ternero de tres meses, una vaca negra y el buey, que se llama Rupa, y llega a los mil kilos de peso.  

Teniendo en cuenta que la vaca es un animal sagrado para la religión hindú, no es de extrañar que las cuiden con tanto mimo. Tal y como explica Alberto, la devoción por este animal viene desde la época de Krishna, ya que su hermano era vaquero y las consideran “como la madre, que nos da la leche para crecer”. Además, en ella también se encuentran todos los semidioses que existen en esta religión, “tal y como lo dicen las escrituras”, puntualiza Alberto, que asegura que esto “me ha cambiado la vida y no lo tomo como un trabajo”.  

La devoción por este animal hace que todos los años celebren el Día de la vaca, que este año será el 20 de agosto. Durante la celebración, a la que asisten más de 200 personas, hacen una procesión en la que trasladan a su maestro espiritual desde el templo hasta la vaquería, y todos juntos disfrutan de las representaciones teatrales y musicales. Pero el protagonismo de este animal no sólo se reduce a este día. Recientemente, el grupo Labongo ha publicado el disco Cows in love, donde un grupo de artistas han aportado sus estilos musicales para fusionarlos y rendir un homenaje a las vacas. Este mamífero también representa uno de los principios de esta religión, que es el de ser vegetariano. “¿Por qué tenemos que matar para alimentarnos? Empezando por ser vegetariano se cambia la conciencia, es un servicio que haces directo a Dios, sin intermediarios”, explica Alberto, a la vez que expresa el deseo de poder tener más vacas y más gente para que pueda trabajar con el tractor y cuidar el campo.