EL MUSEO DE MINIATURAS

Entrada del MuseoD. Juan Elegido Millán, el Profesor Max, nació en Brihuega (Guadalajara). Estudió medicina, fue maestro nacional, practicante, ingresó en la antigua escuela de periodismo de "El Debate" y también fue un hipnotizador y mago autodidacta muy reconocido en todo el mundo. Fue un hombre bohemio, viajero y aventurero y su gusto por las antigüedades le llevó a coleccionar objetos pequeños, según él por no disponer ni de dinero ni de casa lo suficientemente grande para albergar objetos mayores.

Parte de esta colección que recopiló es lo que puede verse en el Museo de Miniaturas de Brihuega situado en la Plaza de Manu Leguineche, en el Convento de los Franciscanos. Nos reunimos hoy con Javier Sánchez Elegido, sobrino del profesor Max, impulsor y gestor del museo.

¿Cómo y cuándo empezó a hipnotizar el Profesor Max?

Por lo que sé, el padre de Juan Elegido, Constantino Elegido, hacía algo de hipnotismo en algunas operaciones, como para sacar muelas, puesto que era médico. Parece ser que Juan lo vio y a partir de ahí comenzó.

Empezó a hipnotizar en el 44-45. Su primer hipnotismo fue en Guadalajara, en el colegio. Entonces se examinaba por bola. Es decir, sacaban una bola con el tema que te tocaba decir. A él le salió un tema que no se sabía, pero convenció al profesor de que la bola que había salido era la del tema que él quería. A partir de ahí decidió que aquello era lo suyo.

Sus actuaciones fueron en su mayoría en salas de fiestas y bares. A partir de ahí actuó en un teatro en Navalmoral de la Mata (Cáceres). Inicialmente hacía una serie de juegos de magia, porque entonces era más mago, aunque había una parte de sugestión e hipnotismo. Pero en una de sus actuaciones estropeó los trucos de magia y tuvo que salir del paso solo con el hipnotismo. Le salió bien, vio que funcionaba, así que empezó a dedicarle más tiempo en las actuaciones.

¿Cuándo empezó tu tío a recopilar miniaturas?La casita de muñecas más pequeña del mundo

Después de la guerra se marchó de España. Empezó coleccionando mientras estaba en América. Le interesaban las cosas pequeñas y se fue trayendo de todos los países. Cuando vino a España en el año 64 tenía unas 30.000-35.000 piezas.

Unas eran de amigos, otras las adquirió en distintos sitios: como en el Rastro de Madrid, o un regalo de alguien. Al conocer la gente que le gustaban las miniaturas, la gente le iba haciendo regalos.

Recuerdo que Andrade Guerra, (retrato en grano de arroz), cuando estuvimos en Mijas, como hubo una gran publicidad (porque era el primer Museo de miniaturas) se enteraron en Latinoamérica y Guerra vino a España, a Mijas a ver a Max. Estuvieron charlando y le estuvo explicando la técnica que tenía para usar un vello de la mano como base para pintar la miniatura. Parece ser que tenía una vista muy buena porque aunque era miope no usaba monóculo.

Después de la guerra se marchó de España. ¿Qué relación tuvo después con Brihuega?

Me han contado que no faltaba nunca a la Virgen de la Peña. Le gustaba tanto Brihuega y su patrona que venía cada año. Me contó un paisano que en una ocasión fue a buscar a mi tío a Barajas, que venía de Australia. Llegó, vio la Virgen y luego le volvieron a llevar al aeropuerto porque se iba otra vez. ¡Estuvo horas en España!

Él cada año venía, y siempre para su Virgen, que era sagrada. Era salir los gigantes y la virgen y se ponía a llorar como un niño.

¿Cómo conserváis las miniaturas?

Las miniaturas son muy delicadas. Normalmente las llevamos en unas cajas. Antes estaban dentro de un almacén y las teníamos más o menos clasificadas. El problema es que cuando se decide que se va a hacer este Museo, decido traerme todas las miniaturas aquí así que tenía que usar algo que fuera fácil de trasportar. Se metió en unas cajas, se empezó a seleccionar, se metió entre algodones, con papeles secantes.

El problema fundamental es el de la humedad.

En la exposición podemos ver unas miniaturas realizadas por tu madre, María Rosa Elegido, ¿cómo llegó ella a realizar estas obras?

En los años 60, mi madre comenzó Bellas Artes. Esto sería en los 70 o por ahí. Mi tío le dijo que quizá alguno de sus amigos pintores le podría hacer alguna miniatura. Hubo alguno que le llegó a hacer alguna pintura. A raíz de esto mi madre también se animó,  empezó poco a poco a pintar cuadros pequeñitos (como los del Arco de Cozagón que se pueden ver en el Museo) y fue practicando y practicando y al final tenemos unos cuantos, porque iba perfeccionando de uno a otro, hasta que decía “este es el que me ha quedado mejor”.

estatua de Max a la entrada del museo

¿Qué nos puedes contar acerca de la labor que habéis llevado a cabo tu madre, tu hermano y tú respecto a la colección que tenía tu tío?

Cuando salíamos de viaje comprábamos lo que veíamos que le pudiera gustar a mi tío. Era duro no seguir, porque ya teníamos la base de la colección de piezas de mi tío.

Además posteriormente hicimos unas ferias internacionales en Francia y en Inglaterra. En Francia quedamos los primeros y nos dieron Dos Guiness Récord.

Había unos artesanos y fue allí donde compramos el bar (uno de los que se ven en el Museo), que fue la primera escena que compramos. Ya habíamos comprado miniaturas, pero no escenas, así que abrimos un nuevo campo. Posteriormente también comenzamos a comprar casitas.

A lo largo de este año también he comprado unas cuantas miniaturas, como una monja que se puede ver. O como por ejemplo, un mosaico griego que compré 10 días antes de inaugurar el museo. Ha sido un esfuerzo titánico, pero yo creo que para Brihuega, para el futuro y para los que vengan después habrá merecido la pena.

Entrevista y trascripción: Laura Corral

Fotografía y edición: Eva M. Corral

 

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