Leyendas

        Los toros del tio Legaña

Ha sido siempre Brihuega
aficionado al toreo;
por algo tiene entre moros
partidas de su abolengo;
con tal de correrlos bravos
poco le importa a mi pueblo
que viniesen de Veragua,
de Miura o del mismo Infierno,
porque hasta el demonio ha sido
empresario aquí de cuernos,
¿lo dudas?... pues, como prueba,
ahí va el siguiente suceso.

Una noche de verano,
harta de vino y jaleo,
destempladas las guitarras
y medio templados ellos,
diz que una ronda de mozos
iba ya a buscar el sueño,
cuando topó al tío Legaña
que, más que templado y medio,
por la plaza de Herradores
bajaba dando tropiezos.

Era el tío Légaña un brujo
de aquellos oscuros tiempos
que andaba con el demonio
metido siempre en enredos,
y en virtud de cuyos tratos
tragaba leguas a cientos;
volaba cuando quería,
ganaba en todos los juegos
y hasta inventaba corridas
de toros negros, muy negros.

Con que apenas por la calle
venir los mozos le vieron,
sin medir los resultados
de sus locos devaneos,
le dijeron: tío Legaña,
vengan unos toros de esos
bravos que usted sabe echar,
que no faltarán toreros
que los lidien.

—Poco a poco,
que hace por ahí mucho miedo.
—Lo que es que usted ya no vale,
viejo chocho, marrullero.
—¡A acostar! No me tentéis
la paciencia, que los echo
y alguno se va a poner
los calzones como nuevos.
—¡Echelos usted!
—Pues ¡ojo!
¿No escucháis ya los cencerros?
Ya están por el Arbollón,
¡aliviad!
—Y era tan cierto
lo que dijo el tío Legaña,
que cuando aquellos quisieron
ponerse en salvo tenían
encima los bichos negros.

Alguien que pudo llegar
a su casa, contó luego
que a canto y lodo la puerta
se halló tapiada, y perplejo
arañando las paredes
sin saber qué hacer, los cuernos
levantándole a lo alto
por el balcón le metieron.

No salió ninguno herido,
que a tanto no llegó el juego,
pero el susto que pasaron
fué colosal, estupendo.

Desde entonces, tío Legaña,
en diciendo: ¡que los echo!,
como alma que lleva el ídem
ya estaban todos corriendo.

Así en Brihuega se cuentan
las cosas del tiempo viejo
en que había nigrománticos
y duendes, como el nuestro
tenemos espiritistas,
tablas rotantes y Medios,
porque el diablo muy ladino
sabe amoldarse a los tiempos.

Así lo del tío Legaña
por cosa cierta lo tengo;
haz tú, lector, lo que quieras,
yo sólo relata réfero.

 

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