Leyendas
Elima.- El Castillo
Brihuega es una villa castellana metida de la alcarria en los confines, una villa antiquísima y cristiana que aún ostenta en los fuertes revellines de sus muros la huella musulmana. Sobre la roca en que el poblado deja su rápido descenso hacia la hondura, se alza el castillo a quien la gente vieja conoció con el nombre que aún perdura de la piedra Bermeja. Recia mole de torres desmochada que al espacio aun se yerguen altaneras, a murallas enormes adosadas, donde se abren angostas aspilleras y brechas por la hiedra tabicadas. Y es caso, tal vez único en la tierra, que un solar que jamás rindió su imperio en loa lances más duros de la guerra, hoy se vea trocado en cementerio donde la Parca su botín encierra. Cuando la noche sus crespones tiende y la Villa reposa en sus hogares, un chillido feroz los aires hiende, recógese en las ruinas seculares, y de pavor el ánimo sorprende. Es la lechuza vil, que en esa hora sale de entre las ruinas del Castillo, la vega y sus contomos avizora, y si puede atrapar un pajarillo sin piedad con su pico lo devora. La luna, en tanto, sube por la altura y se mira en las aguas de las fuentes que llenan el ambiente de frescura y bajan al Tajuña sonrientes pletóricas de luz y de hermosura. Hora bendita, en que la mente sueña entre nimbos de cielo y poesía, que la tierra antojósele pequeña, y buscando algo más su fantasía de lo divino e inmortal se adueña. Entonces surge el pasado con sus glorias y sus fueros, sus leyendas y sus trovas, sus lizas y caballeros. Surge el Brihuega de antaño, Yo he bebido entre esas rocas |