Leyendas

 

                    La Borriquilla

«Ya vienen los Reyes
por el Arbollón,
y le traen al niño
un rico jubón.»

Es Nochebuena. Aquel año
Brihuega quiso esmerarse
dando a la fiesta cristiana
inusitado realce.

En la Casa Ayuntamiento
dispuso un Belén muy grande
con piedras de sus alcarrias
y de sus campos ramajes.

Reproducidos en lienzos
las montañas y los valles,
y el cielo con sus estrellas
que alumbran con mucho arte.

Y se ocultaba la luna
y se espesaba el celaje,
y basta la nieve caía
blanqueando casitas y árboles.

Allí la mula y el buey,
verdaderos, no en imágenes,
en su rincón esperaban
a que su dueño llegase.

Y su dueño era Jesús
con San José y con su Madre,
que sobre una borriquilla
venía como de viaje.

El pueblo íbales siguiendo
por sus plazas y sus calles,
hasta llegar al Portal
y allí humildes obsequiarles.

Siempre el papel de José
lo hacía el mozo más grave,
más virtuoso y cristiano
que pudiera allí encontrarse.

El de la Virgen María,
la doncella que juntase
a más virtudes sin tacha,
más belleza y más donaire.

Y en verdad que siempre había
donde elegir en tal trance;
Brihuega siempre ha abundado
en virtudes y beldades.

¿Y el Jesús? Las religiosas
se encargaban de buscarle
entre los de sus conventos
el de más bonito talle.

La borriquilla en el grupo
era de lo más notable,
con borlas y campanillas,
gualdrapada en cuanto cabe.

Y tal gracia hacia al pueblo
verla llevar arrogante
a la que hacía de Virgen
en fiesta de tal alcance,
que para hablar del conjunto
no acudía a otro detalle,
sino al de «la borriquilla»
y para él era bastante.

Algo de lo que lucía
en. aquella hermosa fiesta
y daba más alegría,
era una lucida orquesta
de la más rara armonía,
que pastoras y pastores
con sus vestidos mejores,
algunos de correal,
y todos buenos cantores
armaban junto al Portal.

Su canción más halagüeña,
más clásica y más brihueña,
era el grandioso aguinaldo
en que hace un mozo de peña
o del himno aquel heraldo.

Con el mozo o la doncella
la comparsa va alternando,
y hay que ver cómo descuella
la voz del guía entonando
una narración tan bella.

Que con lindos pormenores
nos habla de resplandores
que hacen de la noche día
y de Angeles y pastores
cuando el Niño Dios nacía.

Y hay que sentir el tropel
con que se lanzan a una
la guitarra y rabel,
la castañuela moruna
y la zambomba de piel.

Muy acordes y a compás
la flauta, la mandolina,
la recia almirez broncina
y yo no sé cuántos más
instrumentos de cocina.

Al aguinaldo seguían
los piadosos villancicos
que la historia referían
y que tanto divertían
a los grandes y a los chicos.

Sobre todo era el derroche
de la bulla y alegría
cuando al fin se acometía
aquel estribillo o broche
con que el cantar concluía.

« Ya bajan rodando
por las escaleras
huevos y tocinos,
manzanas y peras,
todo lo pedimos
si lo quieren dar,
antes de las doce
a Belén llegar.»

Y no era menos graciosa,
por lo chusca y recelosa,
esta otra terminación,
que la turba jubilosa
coleaba de su canción.

Ya baja la vieja
con el aguinaldo,
y se le hace mucho
y le va quitando.

En tanto la cabalgata
de los Reyes se ha formado,
vestidos de ricas telas,
sobre briosos caballos,
entre una turba de pajes
y otra mayor de muchachos
que rodean al Rey negro,
por lo apuesto y por lo raro.

Llevan sobre sus cabezas
sendas coronas de talco
que reluce como el oro,
y además es más barato.

Con majestad, de sus hombros
penden riquísimos mantos
de seda con franjas de oro
de muchas lenguas sembrados,
y los tres de su realeza
llevan el cetro en sus manos.

Y no era menos graciosa,
por lo chusca y recelosa,
esta otra terminación,
que la turba jubilosa
colgaba de su canción.

< Ya baja la vieja
con el aguinaldo,
y se le hace mucho
y le va quitando.

En tanto la cabalgata
de los Reyes se ha formado,
vestidos de ricas telas,
sobre briosos caballos,
entre una turba de pajes
y otra mayor de muchachos
que rodean al Rey negro,
por lo apuesto y por lo raro.

Llevan sobre sus cabezas
sendas coronas de talco
que reluce como el oro,
y además es más barato.

Con majestad, de sus hombros
penden riquísimos mantos
de seda con franjas de oro
de muchas lenguas sembrados,
y los tres de su realeza
llevan el cetro en sus manos.

Precédeles una estrella
colgada de un palo largo,
tan largo que sobresale

de los más altos tejados
y que en llegando a la plaza
se paró sobre el establo
donde está el Niño Jesús
a los Reyes esperando.

No entran éstos en el pueblo
juntos, sino separados;
el Rey Melchor, el primero
por la Cadena y el Prado,
por puerta de Cozagón
Gaspar, y el último Mago,
Baltasar, por San Miguel,
y los tres con grave paso
a la gran plaza del Coso
al mismo tiempo llegando
formaban junto al Portal
un vistosísimo cuadro.

Ayudados de sus pajes
se apean de sus caballos,
y a aquel Niño del pesebre
le presentan sus regalos.

Nuevo tañer de guitarras,
de zambombas nuevo estrago,
y a la Iglesia se van todos,
cantando nuevo aguinaldo,
pues ya van a dar las doce,
a oir la Misa del Gallo.

Aquella noche en Brihnega
nadie durmió de contado,
pues terminada la Misa,
borriquilla y Reyes Magos
con toda la pastorela,
almireces y guitarros,
zambombas y castañuelas,
se iban por todos los barrios
a las casas principales
a cantar el aguinaldo,
donde les daban de todo
cnanto había en los armarios:
rosquillas y nochebuenos,
mazapanes toledanos,
amén de algún dinerillo
para ayuda de los gastos,
porque fiesta tan hermosa
y de sabor tan cristiano,
por su misma sencillez
gustaba a aquel vecindario
creyente a macha martillo,
y tan alegre y tan sano,
que con sus cosas tenía
para ser feliz sobrado,
aunque a este siglo orgulloso
le parezca muy extraño.

 

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