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Leyendas
El moro Alycan
| Lloraban entonces los moros la muerte de un bravo caudillo, del moro Alycan, y en vano buscaban remedio a su muerte, llamando a Mahoma, rezando el Koran. El frío cadáver, tendido en el suelo, ni un punto perdía de su rigidez; la casa del moro más llena de duelo y el llanto más triste era cada vez. Alguien dijo acaso que el moro su vida con cierto cristiano riñendo perdió, y un grito de rabia a tal sacudida del pecho africano feroz se escapó. Y vienen cantando, dijéronse a una amigos del muerto muslín campeón; la Cruz ya se burla de la Media Luna; mirad cómo llegan con su procesión. Para el pobre moro ya no hay esperanza, huirá de aquí luego su Dios y su ley, ¡maldición y muerte!, pues vil alianza con perros infieles hizo nuestro Rey. Y en cólera ardiendo, golpean la. tierra, viendo a los cristianos alegres llegar, y ya entre alaridos proclaman la guerra, y a sangre y a fuego se van a lanzar... Cuando un grito enorme de extraño entusiaamo se escucha en la casa, de supremo afán, y ven levantarse, inertes de pasmo, al frío cadáver del moro Alycan. Las armas desnudas se caen de sus manos, aspiran sus pechos las brisas de paz, ¡qué dulces resuenan los cantos cristianos! ¡Allí está su Virgen! ¡Con qué majestad! Saltando por todos el que en la refriega a hierro cristiano cadáver cayó, ya resucitado, junto a ella se llega y aclama a María que vida le dió. De todos los ojos las lágrimas ruedan, de todos los pechos se escapa una voz, cristianos y moros hermanos ya quedan. ¡Salud a María; mil gracias, Dios! la nueva se extiende por cumbres y valles, se llega a Brihuega confuso tropel; cristianos son todos que llenan sus calles cantando a la Virgen con ánimo fiel. ¡Quien viera de Brihuega aquel gran día, |