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        El Albendiego .- Leyenda -.

Entre las muchas fuentes
que corren por mi pueblo
alegrando sus plazas,
los pliegues de sus valles y sus cerros,
casi al pie de sus muros
en un suave recuesto
del camino que baja hacia la vega,
por Cozagón saliendo,
de aguas muy cristalinas
brota rico venero,
que generoso presta sus caudales
a los vecinos huertos,
y aun se alarga perdiéndose en la hondura
entre muchos rodeos
para regar plantíos de repollos
y de habas y guisantes a su tiempo.


A esta fuente y al huerto fronterizo,
contaban los abuelos,
que allá, cuando Brihuega todavía
estaba bajo el yugo sarraceno,
en cuanto el sol nacía,
iba un moro de aquellos
que para la defensa de la villa
dejara Alimenón, el de Toledo,
y allí, hasta anochecer, pasaba el día
escuchando el rumor del arroyuelo,
a la sombra tendido de una higuera
que crecía en las lindes de su huerto.

¿Qué misterioso encanto,
qué especial embeleso
atraía al muslín hacia esta fuente
un día y otro día, el año entero?
Porque... si delicioso era el paisaje,
el manantial muy bello,
y el susurrar del agua entre los guijos,
las flores y las hierbas de su lecho
algo tan cadencioso y tan dulcísimo
como de hadas inspirado cuento,
pero fuentes como esta
y lugares amenos
como el que al moro deleitaban tanto
tiene Brihuega a cientos,
y a ninguno sus pasos dirigía
ni buscaba otro fresco
que la sombra de aquella vieja higuera,
y las aguas de aquel rico venero.

Decían los que estaban
de tan raro capricho en el secreto,
que al muslín afligían hondas penas
que no hallaban consuelo
ni en su hogar, ni siquiera en la mezquita
donde hacía sus rezos,
y por eso bajaba a aquella fuente,
donde su agua bebiendo
se quedaba su espíritu tranquilo,
y le entraba un sopor tan halagüeño
que le hacía soñar con paraísos
y graciosas huríes de su cielo.

Desde entonces, aun dicen que esas aguas
son eficaz remedio
contra el insomnio, procurando al triste
los más dulces ensueños.
Yo, a Dios gracias, no tuve de probarlo
necesidad, ni empeño;
pero tan linda fuente
que brota en el recuesto
del camino que baja hacia la vega
por Cozagón saliendo,
regando los plantíos de repollos...
puedo afirmar, y es cierto,
que aún el nombre conserva de aquel moro,
y por eso se llama «el Albendiego».

 

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