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Torija, una secreta frontera. - Iniéstola, Alcorlo,
Humanes... - Brihuega y otros edenes. - A la sombra de los tilos en flor.
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-¿Y qué es eso de la Alcarria,
niña? La niña no ha leído a Camilo José Cela, pero
está estudiando con provecho su geografía
del primer año de bachillerato.
- «La
Alcarria: alta meseta de matorrales y plantas aromáticas
que se extiende por las provincias de Cuenca
y Guadalajara;jara. Es muy renombrada su miel. Brihuega
es el principal centro de la comarca.»
Lo ha dicho con su bonito sonsonete
escolar de niña lista y aplicada.
-¿Brihuega dices? ¿Y se va por aquí a Brihuega?
-No, señor, por aquí se va a Alcalá de Henares.
La lectura del inolvidable libro de C. S. C., primero,
y las sabidurías de la niña guapa y sabia, después,
nos habían metido en ganas de visitar esas comarcas
de miel y literatura, esa España enmelada, haciendo
n poco de Calixto itinerante para la Melivea -voz
de miel- de nuestra geografía. Jugamos a enamorarnos
de la Alcarria un tanto literariamente, a riesgo
de volver de allá, tras los periplos periodísticos,
verdaderamente enamorados. La Alcarria, una comarca
de límites más sentimentales que tográficos. Una
vaga provincia que se sueña entre dos provincias
de Castilla la
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Nueva. Pero la niña ha dicho
que por aquí va a Alcalá de Henares.
-Claro que desde Alcalá de Henares, seguido, seguido,
también se llega a donde usted va.
La Alcarria, después de Cela. Rutas alcarreñas de verano tras
los pasos ya lejanos, pero nunca borrados, del descubridor
literario de la comarca, dicho sea con perdón del señor geógrafo que escribió eso de «meseta de matorrales y plantas
aromáticas» que nuestra pequeña amiga recita cómo si fuesen
versos.
Y a lo mejor lo son.
Torija el primer pueblo
de La Alcarria
A su paso por Alcalá, el Henares llevaba aguas rojas,
como de arrastres arcillosos. En la hermosa
plaza de Cervantes, pacíficos vecinos dejan transcurrir
el verano a la sombra de los soportales, viendo
llegar y pasar a los turistas de los coches largos
y de los coches cortos. Alcalá es Alcalá. Un sitio hermoseado, con tanta historia y tan sabido
que da casi vergüenza repetirlo ahora, pintan cafeterías Americanas en
las
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esquinas más estratégicas, pero no hay peligro
de que
el aire acondicionado de ninguna cafetería vaya a privarle de su
propio aire eterno e interno a la cervantina y universitaria ciudad. Aquí, aunque no sea la Alcarria, puede comprarse ya el primer tarrito de miel alcarreña. De modo que si usted no traía alforjas para más viaje, puede
darse ya la vuelta hacia Madrid e invitar a miel a sus amistades. Se ahorrará
kilómetros y tiempo. Claro que no es lo mismo, ni mucho menos. Nosotros, en su caso, seguiríamos adelante, saltando
las rojas aguas del Henares, en busca de esa nueva fuente de la eterna
juventud -como Ponce en la Florida- que es o parece ser la miel convertida en jalea real. A ver qué pasa.
Brihuega, dijo la niña. Los letreros de la carretera, sobre los gloriosos campos estivales, empiezan ya
a hablar de Brihuega y de los kilómetros que le faltan al coche -a nuestro
coche- para llegar. Hay otros letreros, otros carteles, que de lo que hablan es de licores y neumáticos e incluso del hotel que espera al viajero en
Barcelona -estamos en la carretera de Barcelona--, pero no son ésas las
lecturas que a nosotros nos interesan ahora.
«Restaurante La Morena. Déjeuner. Meals.
Comidas »
No hemos entendido lo del medio, que está escrito en idiomas exóticos, pero
los dos extremos del rótulo, en cambio, son lo suficientemente castellanos y tentadores como
para echar el freno. A la puerta del restaurante La Morena
preguntamos por
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