Mundo Hispánico. Nº 182 Agosto 1963

Francisco Umbral ( pag 1)

Nuevo Viaje a

La Alcarria

 

Torija, una secreta frontera. - Iniéstola, Alcorlo, Humanes... - Brihuega y otros edenes. - A la sombra de los tilos en flor.

-¿Y qué es eso de la Alcarria, niña? La niña no ha leído a Camilo José Cela, pero está estudiando con provecho su geografía del primer año de bachillerato.

- «La Alcarria: alta meseta de matorrales y plantas aromáticas que se extiende por las provincias de Cuenca y Guadalajara;jara. Es muy renombrada su miel. Brihuega es el principal centro de la comarca.»

 Lo ha dicho con su bonito sonsonete escolar de niña lista y aplicada.
-¿Brihuega dices? ¿Y se va por aquí a Brihuega?
-No, señor, por aquí se va a Alcalá de Henares.
La lectura del inolvidable libro de C. S. C., primero, y las sabidurías de la niña guapa y sabia, después, nos habían metido en ganas de visitar esas comarcas de miel y literatura, esa España enmelada, haciendo n poco de Calixto itinerante para la Melivea -voz de miel- de nuestra geografía. Jugamos a enamorarnos de la Alcarria un tanto literariamente, a riesgo de volver de allá, tras los periplos periodísticos, 
verdaderamente enamorados. La Alcarria, una comarca de límites más sentimentales que tográficos. Una vaga provincia que se sueña entre dos provincias de Castilla la

 

Nueva. Pero la niña ha dicho que por aquí va a Alcalá de Henares.
-Claro que desde Alcalá de Henares, seguido, seguido, también se llega a donde usted va.
La Alcarria, después de Cela. Rutas alcarreñas de verano tras los pasos ya lejanos, pero nunca borrados, del descubridor literario de la comarca, dicho sea con perdón del señor geógrafo que escribió eso de «meseta de matorrales y plantas aromáticas» que nuestra pequeña amiga recita cómo si fuesen versos.
Y a lo mejor lo son.


Torija el primer pueblo
de La Alcarria


A su paso por Alcalá, el Henares llevaba aguas rojas, como de arrastres arcillosos. En la hermosa plaza de Cervantes, pacíficos vecinos dejan transcurrir el verano a la sombra de los soportales, viendo llegar y pasar a los turistas de los coches largos y de los coches cortos. Alcalá es Alcalá. Un sitio hermoseado, con tanta historia y tan sabido que da casi vergüenza repetirlo ahora, pintan cafeterías Americanas en las

 

esquinas más estratégicas, pero no hay peligro de que el aire  acondicionado de ninguna cafetería vaya a privarle de su propio aire eterno e interno a la cervantina y universitaria ciudad. Aquí, aunque no sea la Alcarria, puede comprarse ya el primer tarrito de miel alcarreña. De modo que si usted no traía alforjas para más viaje, puede darse ya la vuelta hacia Madrid e invitar a miel a sus amistades. Se ahorrará  kilómetros y tiempo. Claro que no es lo mismo, ni mucho menos. Nosotros, en su caso, seguiríamos adelante, saltando las rojas aguas del Henares, en busca de esa nueva fuente de la eterna juventud -como Ponce en la Florida- que es o parece ser la miel convertida en jalea real. A ver qué pasa.
Brihuega, dijo la niña. Los letreros de la carretera, sobre los gloriosos campos estivales, empiezan ya a hablar de Brihuega y de los kilómetros que le faltan al coche -a nuestro coche- para llegar. Hay otros letreros, otros carteles, que de lo que hablan es de licores y neumáticos e incluso del hotel que espera al viajero en  Barcelona -estamos en la carretera de Barcelona--, pero no son ésas las lecturas que a nosotros nos interesan ahora.
«Restaurante La Morena. Déjeuner. Meals. Comidas »
No hemos entendido lo del medio, que está escrito en idiomas exóticos, pero los dos extremos del rótulo, en cambio, son lo suficientemente castellanos y tentadores como para echar el freno. A la puerta del restaurante La Morena preguntamos por