| Iglesia de San Simón |
La Iglesia de San Simón se trata de un pequeño templo ubicado entre la calle
mayor, la plaza del coso y la plazuela de San Simón, por donde tiene su entrada.
Se levanta sobre lo que fue la mezquita de Brihuega, y es, junto al ábside de la
Iglesia de San Miguel, los únicos ejemplos de arquitectura mudéjar de Brihuega,
a los que habría que añadir las pinturas de la capilla del castillo.
Es conocida la convivencia de las tres comunidades religiosas durante la edad
media en Brihuega, quedando constancia de ello el documento que con fecha de 25
de junio de 1386 firman estas tres comunidades con el arzobispo de Toledo y
señor de la villa para trasladar el mercado a los miércoles, de forma que
ninguna comunidad se viera entorpecida por coincidir el mercado con sus días
festivos. Muy probablemente el lugar ocupado por esta Iglesia estuvo entonces
ocupado por la mezquita.
En el siglo XV desaparecen los mudéjares, y muy probablemente este edificio fue
entonces convertido en propiedad de alguna cofradía cristiana, muy numerosas por
aquel entonces. De sus usos sabemos que ya como Iglesia se veneró la imagen de
la Virgen de la Antigua. Durante el periodo de la guerra de sucesión se utilizó
como almacén de enseres al resguardo de la rapiña. Mas tarde se convirtió en
ermita y finalmente fue adquirida como propiedad privada sufriendo múltiples
cambios y siendo así como ha llegado a nuestros días.
Se trata de una pequeña Iglesia, construida en ladrillo, con una nave de planta
rectangular, cubierta por una bóveda de crucería
cuyos nervios arrancan de los
ángulos. Rematada por un ábside semicircular con seis nervios de sección
cuadrada, sin decoración, imitando seguramente lo que fue la cubierta original
de la Iglesia de San Miguel.
A principios del siglo XX, Catalina García describe unas ventanas mudéjares
cegadas entre las aristas del ábside, que hoy no están a la vista. A ambos lados
de la nave se abrían 2 ventanas entre las cuales se disponían dos ventanillos
ciegos en forma de herradura, de puro estilo mudéjar. Frente al ábside, en la
cara oeste se accedía a la Iglesia por una puerta con decoración geométrica, y
sobre ella se abría un hueco circular que permitía el paso de luz a la Iglesia.
Hoy en día el edificio original que nos describiera Catalina García está muy
modificado, en gran parte por el uso para vivienda particular, lo que exigía
darle funcionalidad, aunque es de reconocer que probablemente el cuidado
particular es lo que ha hecho que aún llegue a nuestros días notándose
fuertemente el deterioro a partir de su abandono como vivienda de propiedad
privada.
Lo primero que llama la atención es la construcción de un techo que divide el
edificio en dos alturas, las ventanas del lado norte están cegadas completamente
al interior, mientras que en el exterior son difícilmente visibles por las
construcciones posteriores. En la cara sur las ventanas originales fueron
derribadas para construir ventanales mayores, que dieran mayor luminosidad al
piso superior. Además se construyó una chimenea y se aprovecharon las distintas
oquedades para su conversión en trasteros, habitaciones o almacenes de objetos,
además de construir en el ábside la escalera angular de acceso al piso superior.
Todo el edificio está enyesado, mostrando en algunos detalles un estucado
original de color bermejo encima del ladrillo.
Un jardín acompaña al edificio, con balconada orientada a la plaza del coso y un
coqueto lavadero con manantial propio.
El estado de conservación en la actualidad deja mucho que desear, con multitud
de humedades y grietas que amenazan fuertemente su construcción.
Joaquín Hernández
