Fábrica de Carlos III

 

        Joaquín Hernández Corral

En estos momentos un edificio emblemático en la Alcarria y único en España está en trámites de poder convertirse en Parador Nacional, situada en la zona más alta del pueblo, vigila Brihuega como memorandun del paso de su Historia.

Por diversas circunstancias, entre las que quizá tuvieron importancia la gran tradición textil de Brihuega, que aparece ya en 1627, donde se mencionan los paños de Brihuega en la tasa general de Felipe IV, o bien por el hecho de que el hermanastro de Fernando VI fuese en ese momento Arzobispo de Toledo diócesis a la que pertenecía entonces Brihuega o a las intrigas de Juan de Brihuega y Río, voluntarioso e influyente personaje briocense del siglo XVIII, el caso es que en 1750 se expide en el retiro una cédula para la construcción de la fábrica de Paños.

Se encarga el proyecto a Manuel de Villegas, profesor de arquitectura en la corte, quien realiza el primer proyecto ajustándolo en 450.000 reales de vellón. Sin embargo este diseño queda suspendido, y es Ventura Padierne, uno de los cuatro aparejadores del palacio Real de Madrid quien se encarga de la obra. El proyecto de Padierne se basa en el de Villegas en cuanto al trazado circular del edificio, aunque elimina la tercera planta del proyecto de Villegas. Padierne sitúa las oficinas de prensa en la planta baja y también percha, lanas, emborradores, utensilios, tundidores, carpintería y tesorería, dejando en la planta alta superintendencias, alcobas, dormitorios y despachos. Diseña más ventanas que en el proyecto de Villegas, tanto al exterior como al patio interior, donde sitúa una fuente de 4 caños.

Este nuevo proyecto se firmó el 9 de mayo de 1751, y la rotonda en su aspecto general es muy similar al edificio que hoy podemos contemplar y que aspira a convertirse en Parador Nacional. El Superintendente de la fábrica era Ventura de Argumosa, al igual que las fábricas de Guadalajara y San Fernando. Disponía de un batán junto al río Tajuña, y en 1753 la fábrica contaba con 33 telares corrientes, donde trabajaban 45 oficiales, 15 aprendices y 20 canilleros, además de las hilanderas y la plana mayor de la fábrica, entre la que se encontraba el factor principal y administrador de la fábrica, el citado Juan de Brihuega y Río. Se tejían 9 piezas de paño de treinta varas cada una por telar y año, vendiéndose a 60 reales la vara.

Pronto la rotonda queda pequeña para sus fines, y entre 1754 y 1762 se añaden nuevas dependencias, con casas para tintes a la derecha y otras para prensas a la izquierda, dejando un patio entre ellas. Fueron diseñadas por el francés Jaime Marquet, y ejecutadas por José de Castañeda, teniente de arquitectura de la Academia de San Fernando, culminando la obra en 1759 con la ermita de Santa Lucía, cumpliendo así la promesa hecha a la cofradía de dicha Santa a cambio de la que al parecer existía en el lugar donde se construyó la Rotonda. Entre 1757 y 1767 la fábrica se arrienda a los Gremios Mayores de Madrid, contrato por diez años tras los cuales se devuelve totalmente arruinada. En 1767 la fábrica se independiza de la de Guadalajara, y se anexiona la de San Fernando, por lo que debe ser nuevamente agrandada, es la 3ª fase de construcción, con nuevas casas para paños finos. El 31 de Marzo de 1769 Juan Manuel de la Cuadra, vecino de Medinaceli, recibe 112.858 reales para construir 10 casas en la parte norte, además construye una nueva casa del superintendente con sus jardines al este (los primeros que tendrá la fábrica), y se hace también la reforma urbana hasta la Iglesia de San Felipe.

Luego la administración cambió los planes, y la fábrica de San Fernando se va de Brihuega, volviendo ésta a ser sucursal nuevamente de Guadalajara, y encargándose de los paños finos, que adquieren gran calidad, incluso Carlos III escoge algunas de sus piezas como regalo al Sultán de Turquía en la embajada de 1782. Alrededor de 1786 comienza la cuarta y última fase de construcción con disputas entre Pablo Ramos y Fray Eugenio Valcazar, religioso franciscano. Se edifican entonces nuevas casas en la parte este y se construye la portada neoclásica hacia el barrio de San Felipe, cerrando el patio creado en la renovación de 1759, que englobaba la ermita dentro del recinto de la fábrica. Con la invasión francesa la fábrica entra en una nueva crisis, siendo víctima de los saqueos tanto de las tropas francesas como de los guerrilleros de El Empecinado. Una labor fundamental en esa época la llevo a cabo el contador de la fábrica, Castillo, quien pudo esconder los utensilios necesarios para poder poner de nuevo en funcionamiento la fábrica tras la contienda de principios de siglo.

En 1824 la fábrica amenaza ruina, y el ayuntamiento insta a la realeza a reparar el edificio, cosa que se hace con 12.000 reales. Sin embargo, en 1835 ante la situación calamitosa cierra sus puertas la Fábrica de Paños, siendo adquirida 5 años mas tarde por Justo Hernández Pareja, casi vacía de maquinaria. En el año 1982, se encarga un proyecto de restauración de la Rotonda, con arreglos en las cubiertas e instaurando la decoración original en la zona externa, con formas geométricas acordes con la época de construcción. Tal proyecto fue encargado a Mª Carmen Mostaza y Andrés Parea, se destinaron 24 millones de pesetas. Pero no se llevo a cabo la rehabilitación de la parte interna, únicamente el arreglo del tejado, poniendo madera nueva que además venía infectada con insectos xilófagos, por lo que el interior aparece totalmente desmantelado, lleno de vigas, sin solados, sin cubiertas y con muchas humedades.

La Real Fábrica de Paños de Brihuega es, actualmente, la única representación de la arquitectura ilustrada que nos queda, aires de renovación aparecen en su historia con la posibilidad de convertirse en Parador Nacional, uso que significaría la pervivencia de este edificio, tantas veces al borde de la ruina y otras tantas salvado en el último momento. Esperemos que este sea el empujón definitivo para su recuperación.