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El castillo de Brihuega |
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Al estudiar el castillo de Brihuega, y el conjunto de su cerca urbana, nos hallamos ante una de las fortificaciones más complejas de la provincia, al tiempo que, por su larga historia, de las que más alteradas han llegado hasta nosotros, como un puzzle de difícil resolución. Por otro lado, se trata de un probable alcázar de origen musulmán, después usado por los arzobispos de Toledo con semejante finalidad, y con valores defensivos muy secundarios. Situado al borde de un barranco sobre el río Tajuña, también recibe el nombre de Castillo de la Peña Bermeja, que actúa como formidable foso natural por todo su costado sur. De orígenes antiguos no documentados, se sabe que fue residencia veraniega de los reyes taifas de Toledo entre 1032 y 1085, en especial de Almamún, quien se lo donó a su huésped y refugiado don Alfonso, después rey de Castilla y León, y conquistador de Toledo. Este monarca donó Brihuega y su castillo a los obispos de la sede primada, quienes lo poseyeron hasta la época contemporánea. La villa de Brihuega, y sus defensas medievales, por su estratégica situación en el valle del Tajuña y en la zona central de la provincia de Guadalajara, ha sido escenario de muy importantes y decisivas batallas en casi todas las guerras que ha conocido la España moderna, desde la Guerra de Sucesión, hasta la última Guerra Civil. En época medieval, cabe citar los heroicos cercos que frente a los navarros resistió la villa, tanto en 1390 como en 1394, durante la "guerra de los Infantes de Aragón", mientras que ni Atienza ni Torija pudieron aguantar. Centrándome en el conjunto residencial, conviene saber que estaba separado del resto de la villa no sólo por un recinto exterior al que todavía se accede por las puertas noroccidentales llamadas de la Guía y del Juego de la Pelota -muy alteradas en época moderna-, sino que además contaba con un foso a modo de barranquera, hoy cegado, lo que para Jorge Jiménez es dato inequívoco de su origen musulmán al recordar la disposición de las cavas del antiguo alcázar de Madrid, Guadalajara, Peñahora o Alcalá la Vieja. Este recinto que conforma una verdadera alcazaba o ciudadela, con su palacio interior, delimita hoy todavía dos amplios espacios al SE y al NO que, a modo de albacaras, acogen respectivamente parte del camposanto y el llamado «Pradillo de Santa María», extensión compleja donde se labraron la iglesia de Santa María de la Peña -de origen protogótico-, y el convento barroco de San Francisco, amén de otros edificios, que crean una ciudadela separada de la misma villa. Pero el mayor interés lo sigue manteniendo, a pesar de lo castigado de sus restos, el alcázar residencial en cuestión. Ya Layna plantea que los arzobispos, especialmente Ximénez de Rada ( 1215-1240 ), transformaron notablemente el edificio taifa. A partir del tercer obispo don Juan, siguiendo por don Martín López de Pisuerga, quienes labraron los elementos románicos y protogóticos de las salas adornadas con bellas ventanas tripartitas y zócalos de pinturas mudéjares, delimitaron los lados norte y este de un seguro patio central distribuidor, de una |
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interesantísima portada bífora
de equívoca estilística -recientemente demolida por el propio ayuntamiento
de Brihuega-, ha sido la investigadora Magdalena Merlos, quien más se ha
preocupado de plantear una reconstrucción del aspecto originario del
palacio de Almamún, siendo interesante su estudio de las mismas
dependencias palaciegas, aunque parece más discutible otra publicación
suya donde se ocupa de definir los supuestos restos musulmanes de índole
militar, intentando rehacer el castillo agareno de Brihuega.
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