LA BATALLA DE BRIHUEGA

9 de diciembre de 1710

Tras la durísima derrota de Almansa, el ejército aliado se ve obligado a pasar a la defensiva mientras se solicitan refuerzos a Viena y Londres. De Viena saldrá con las tropas de refuerzo el mariscal Starhemberg, uno de los mejores generales del imperio que había servido a las órdenes del príncipe Eugenio de Saboya. De Inglaterra llegarán también refuerzos bajo el mando de Stanhope.

Con este aliciente y bajo el experto mando de Starhemberg, el ejército aliado pasa a la ofensiva. En una rápida y brillante campaña derrota a los borbones en Almenara y Campo Torrero, esta última frente a la ciudad de Zaragoza, que obliga a Felipe V a evacuar Madrid refugiándose en Burgos. De este modo por segunda vez el candidato austriaco entra en la capital.

El recibimiento no será en esta ocasión distinto al de la anterior y pronto alcanzará a ver que tomando la capital no toma el reino y en todas partes se alzan guerrillas que hostigan su retaguardia y dificultan las comunicaciones con la ciudad condal. Serán los principales líderes de las guerrillas, Vallejo y Bracamonte, quienes terminarán coordinando las acciones con el ejército regular, siendo éste un factor clave en las batallas que aquí nos ocupan.

Mientras tanto, en el campo borbónico las cosas van cambiando. Pese a las derrotas en Europa y el ambiente en general hostil que se registra en Francia a la continuación de la guerra, Luis XIV, dadas las duras condiciones de los aliados para la firma de la paz, decide realizar un esfuerzo y envía nuevas tropas bajo el mando del duque de la Vendome, de familia Borbónica. Este experto general de apariencia bonachona cambiará el curso de los acontecimientos.

Como primer paso ocupa Almaraz situándose entre Portugal y los aliados que acaban de tomar Toledo. En reunión del estado mayor aliado se decide marchar de Toledo a Barcelona, dada la dificultad de sostenerse en territorio totalmente hostil deciden iniciar el repliegue a Aragón, para lo que se dividen en tres columnas: ingleses, austriacos y holandeses, y portugueses. Los ingleses deciden separarse algunas leguas de las otras columnas dado que en su camino escasean los alimentos y de común acuerdo con Starhemberg decide el día 4 de diciembre alejarse en dirección a Brihuega a donde llega el día 6 con siete batallones de infantería y ocho escuadrones de caballería.

Mientras Staremberg alcanza Cifuentes, donde deberían reunirse de nuevo con los ingleses, sin desvelar su presencia los guerrilleros de Vallejo y Bracamonte alcanza Brihuega antes de que se cierre la noche de ese 6 de diciembre y dado que no ve presencia de enemigos, Stanhope decide no fortificar el pueblo, ni establecer patrullas de vigilancia, craso error que pagará muy caro cuando a la mañana del día 7 alcanza a ver tropas borbónicas ocupando el puente sobre el Tajuña y cercando Brihuega. Stanhope sorprendido de la aparición del grueso del ejército borbón que creía más alejado de sus posiciones apenas tiene tiempo de enviar a su ayudante, Crosby, a solicitar la ayuda de Starhemberg y de tratar de fortificar el pueblo lo mejor posible. De este modo terminará el día 7 de diciembre con el cerco completado.

El día 8 llega Felipe V en persona acompañando el tren de artillería Borbón, que de inmediato inicia el bombardeo al pueblo, abriendo una brecha hacia las tres de la tarde por la que se lanzan al asalto, peleando casa a casa por el pueblo, pelea a la que se sumaron los propios vecinos de la localidad y que no cesa ni con la noche. Dada la imposibilidad de sostenerse más tiempo, decide Stanhope solicitar un armisticio que Vendome rechaza. Finalmente el propio general inglés decidirá rendirse incondicionalmente dada la posibilidad de que sus tropas fueran pasadas a cuchillo. Las bajas inglesas serán de unos 600 muertos y las borbónicas unos 1.000 muertos, quedando todo el ejército inglés prisionero y siendo conducido al interior de Castilla ante la proximidad de las otras dos columnas aliadas.

Mientras se consumaba la derrota de Stanhope, Starhemberg recibía el aviso del capitán Crosby en el camino entre Budia y Cifuentes, decidiendo ir en ayuda de los ingleses, sin embargo lo hará con suma lentitud, dando tiempo a los borbónicos a reorganizarse. Para ello se dirigieron como legua y media de Brihuega, hasta un lugar llamado Carra-Villaviciosa, donde formaron en orden de batalla en espera de los aliados. Para ver cómo era la composición de ambos ejércitos y la forma de combatir de la época, lean el artículo sobre la batalla de Almansa en esta misma página web. Veamos ahora como trascurrió la batalla de Villaviciosa.

En la mañana del 10 de diciembre, mientras los aliados se acercan a dicho lugar, los borbónicos irán formando en orden de batalla, el ala derecha para el marqués de Valdecañas, el centro para el conde de las Torres y el ala izquierda para el conde de Aguilar, siendo Vendome quien coordinaba los movimientos de todo el ejército. Felipe V se situó en un altozano cercano, dispuesto a no perderse nada de la batalla. De este modo, cuando al mediodía los aliados hacen acto de presencia, se dan cuenta que no hay rastro de los ingleses y que en cambio los borbónicos se encuentran ya en posición de batalla.

Intentó Starhemberg al apreciar la neta superioridad numérica y de moral que tenía el rival, dejar caer la tarde y al amparo de las sombras retirarse. No va a permitirlo Vendome que tras un intenso cañoneo por ambas partes dará la orden de ataque hacia la una de la tarde. Los aliados formarán en batalla del siguiente modo: el centro unos 8.000 infantes bajo el mando de Villarroel y el conde de la Atalaya, a la izquierda tropas palatinas así como caballería portuguesa y catalana mandada por Frankemberg y en el ala derecha tropas alemanas.

Inició el ataque Valdecañas con una irresistible carga que barrió del campo de batalla a los hombres de Frankemberg, avanzando más y más en las líneas aliadas que cedían ante el irresistible empuje Borbón, sin embargo Starhemberg tuvo la suficiente sangre fría para apreciar que el ataque estaba siendo sostenido en gran medida por tropas bisoñas, así qué ordenó a varios escuadrones de caballería que previamente había intercalado entre los infantes, realizar un movimiento de flanqueo que puso en fuga a los hombres del conde de la Atalaya. De este modo lo que había comenzado como ataques ordenados según las reglas militares, acabó convirtiéndose en un verdadero cuerpo a cuerpo en que hasta los altos mandos peleaban a pie por salvar sus vidas. Finalmente ante el empuje Borbón, los aliados bajo el experto mando de Starhemberg, que supo mantener el control sobre sus tropas en esos instantes, retrocedieron algo para tomar espacio suficiente con que realizar la figura del puercoespín, mientras poco a poco declinaba el día.

Decidió Vendome suspender la lucha por temor a que con la oscuridad en algún golpe de mano los aliados capturaran a Felipe V y de este modo Starhemberg pudo reagrupar a sus tropas y retirarse a Zaragoza. Sufrieron cada ejército una pérdida de unos 2.000 hombres cada uno, siendo sin embargo el más castigado el Borbón, que hubo de lamentar la muerte de muchos expertos oficiales, entre ellos el teniente general Ronquillo. En Zaragoza y ante la dificultad en mantenerse, decide Starhemberg retirarse a Cataluña, con lo que finalmente la ofensiva austriaca que condujo por segunda vez al archiduque a Madrid terminaba en fracaso.

A partir de este punto comienza a agudizarse el declive de la causa austríaca, pese a que Inglaterra votó un nuevo subsidio y decide enviar 4.000 soldados más a la península y que Starhemberg es convencido a seguir en el mando, la muerte del emperador José, hermano del archiduque Carlos, sin dejar herederos masculinos, hace que este último sea nombrado nuevo emperador. Esto tendrá la consecuencia de que Holanda, Portugal e Inglaterra que habían venido combatiendo a Francia para impedir que media Europa estuviese en manos Borbónicas, no vayan ahora a permitir que toda la herencia íntegra pasase a poder Habsburgo y se volviese a dibujar el mapa de los tiempos del emperador Carlos V. De ahí que se inicien contactos tendentes a la paz en la ciudad de Utrecht que culminarán con los tratados del mismo nombre de 1713. Milán y Flandes pasarán a control austríaco mientras la península e Indias quedarán en manos de Felipe V. De este modo se finiquita una guerra que devastó Europa durante más de una década. Quedará sólo el episodio del bombardeo de Barcelona de 1714 y la ocupación de las Baleares en 1715 con las que definitivamente se da por concluida una guerra que no sólo traerá una nueva dinastía a España, si no que abrirá un nuevo periodo histórico: la Ilustración.

Oscar Luis Rodríguez